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Derecho
a la vida e integridad.
El artículo 15 de la Constitución establece
que “Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin
que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos
inhumanos o degradantes. Queda abolida la pena de muerte, salvo lo que puedan
disponer las Leyes penales militares para tiempos de guerra.”
La Constitución empieza reconociendo, en este primer artículo del catálogo
de derechos fundamentales y libertades públicas, el tanto el derecho a la vida
y como el derecho a la integridad física y moral.
A) El derecho a la vida.
El sentido de este primer derecho fundamental “es el de impedir que el
Estado mate seres humanos, legalice la muerte de éstos o de algún modo lo
permita” (G. Rodríguez Mourullo).
El reconocimiento de este derecho ha planteado problemas en relación
con otras instituciones como el aborto, la eutanasia y la pena de muerte.
ABORTO: La Constitución emplea el sujeto “Todos” lo que tiene como fin extender la protección del derecho a
la vida no sólo a las personas físicas, sino también los embriones, evitando
fundamentar una generalizada despenalización del aborto.
No obstante, el artículo 417 bis del Código Penal de 1.973 que se
encuentra vigente por aplicación de la disposición transitoria 1ª del Código
Penal de 1.995, despenaliza el aborto en determinados supuestos
en los que la vida del nasciturus está en conflicto con la vida, la integridad o la
dignidad de la madre, reconociendo tres tipos de aborto:
a)
Aborto
eugenésico: Cuando el feto fuera a nacer con graves taras físicas o psíquicas.
b)
Aborto
terapéutico: Cuando la vida o la integridad de la mujer embarazada se hallan en
grave peligro.
c)
Aborto
criminológico: Cuando el embarazo ha sido provocado por un delito de violación.
EUTANASIA PASIVA: Cosiste en permitir al paciente con una enfermedad
irreversible decidir libremente por no continuar con el tratamiento médico que
le prolonga artificialmente la vida.
La Ley 14/1.986, General del Sistema Sanitario así lo contempla
estableciendo en su artículo 10.9 que todos tienen derecho a negarse a recibir
el tratamiento.
El derecho a la integridad física y moral garantiza la protección de las personas físicas, nacionales
y extranjeras, frente a ataques de terceros contra esos bienes, salvo
consentimiento de su titular.
También prohíbe la Constitución la tortura y las penas o tratos
inhumanos o degradantes, lo que no deja de ser otra forma de proteger específicamente
la integridad física y moral frente a ataques, en este caso, de los poderes públicos.
Por “penas inhumanas” entiende el Tribunal Constitucional
“aquellas que acarrean sufrimientos de especial intensidad o provoquen
una humillación superior a la simple imposición de la condena” (STC
65/1.986, de 22 de mayo), y por “tratos inhumanos o degradantes”,
“padecimientos físicos o psíquicos ilícitos e infligidos de modo vejatorio
para quien los sufre” (STC 137/1.990, de 17 de julio).
Finalmente, la última parte de este precepto abole la pena de muerte.
Sin embargo, la Constitución permite que el Código Penal Militar, para tiempo
de guerra, pueda prever la pena de
muerte. Lo cierto es que esta es una excepción constitucional a la regla
general. Pero, en cualquier caso, es una opción del legislador que puede
establecerla o no. En la actualidad la pena de muerte para tiempo de guerra en
el ámbito militar fue abolida por la Ley Orgánica 11/1.995,
de 27 de noviembre, de Abolición de la Pena de Muerte en Tiempo de Guerra.
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